En el corazón de Baní, un grupo de niños se reunía frente al colmado Nelson, un lugar emblemático de la comunidad. Con sus limpiabotas en mano, estos pequeños emprendedores no solo ofrecían un servicio, sino que también compartían momentos de camaradería y aprendizaje. Mientras aguardaban a sus clientes, los niños se entretenían contando del uno al veintiocho, un ejercicio que iba más allá de la simple numeración. Esta actividad les ayudaba a afianzar su relación con los números y a desarrollar habilidades sociales en un entorno amigable. La interacción con los adultos y con otros niños fomentaba un sentido de comunidad y pertenencia. Hoy, esos recuerdos persisten en la memoria colectiva de Baní, donde el colmado Nelson sigue siendo un punto de encuentro que atesora historias de la infancia y el crecimiento de sus habitantes.
