Con una vocación infinita hacia el absurdo, los dominicanos tenemos la capacidad de adentrarnos en las más variopintas e inútiles discusiones. Las redes, convertidas en un espejo que se ríe de nosotros, suelen mezclar chiste y vergüenza.
Con una vocación infinita hacia el absurdo, los dominicanos tenemos la capacidad de adentrarnos en las más variopintas e inútiles discusiones. Las redes, convertidas en un espejo que se ríe de nosotros, suelen mezclar chiste y vergüenza.