Las elecciones generales en Suecia han mostrado un reñido escenario político, con el 98% de los votos ya escrutados. La alianza de centroizquierda, liderada por la socialdemócrata Magdalena Andersson, se posiciona como la ganadora con un 49,5% de los votos, superando al bloque conservador del primer ministro saliente, Ulf Kristersson, que alcanza un 49,1%. Este resultado marca un giro significativo en la política sueca, resaltando la caída de la extrema derecha, que se queda con un 17,6% de los votos, una disminución de tres puntos respecto a las elecciones anteriores. Este retroceso sugiere un cambio en las preferencias de los votantes en un contexto donde las preocupaciones sobre la inmigración y la seguridad han dominado el debate público. Con estos resultados, el centro-izquierda podría formar un nuevo gobierno, mientras que la extrema derecha enfrenta desafíos en su intento de consolidar su influencia en el país.
